-Cariño, me parece que la niña está en una nube.
-Deja que la princesa sea rescatada por su príncipe.
martes, 12 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
Lineas en el suelo
Tengo las manos negras de tanta disolución hecha esta mañana. Tengo dos pepitos en la cara. Tengo unos mocos que ni yo los aguanto. Me duele al respirar. Tengo una botella de agua a mano y un papel de váter. Tengo una aspirina que me ayuda a sanarme. Tengo una chaqueta para no pasar frío. Tengo una bufanda para taparme el cuello. Me siento sola.
Hacía ya un tiempo que por mi cabeza sobrevolaba una incomodidad. En aquel entonces, solo sabia que yo era consciente de lo que hacía. Ahora se que no. Que no solo lo pienso yo, sino los que hacen que no me sienta sola. Por eso, me sentía sola. Y digo "sentía", en pasado.
He tropezado más de una vez, pero me he vuelto a levantar y con estilo. Esta vez, me he dado cuenta que me he topezado una vez. Esta tarde me he levantado, me he limpiado las rodillas del golpe, ahora queda volver a acostumbrar las piernas.
Y he llegado a la conclusión de si aun estoy en el suelo, de haberme tropezado antes de levantarme, y que por eso voy coja en ciertos ámbitos. Una caída que ha servido como consecuencia de todas las que vienen ahora, una de las cuales es de la que me acabo de levantar.
Espero que no sea así. Y si lo es, no quiero volver a caminar para no tropezarme.
Seré capaz de mirar al suelo y esquivar para no caer, ya que pienso igual o almenos parecido que los que hacen que no me sienta sola.
Hacía ya un tiempo que por mi cabeza sobrevolaba una incomodidad. En aquel entonces, solo sabia que yo era consciente de lo que hacía. Ahora se que no. Que no solo lo pienso yo, sino los que hacen que no me sienta sola. Por eso, me sentía sola. Y digo "sentía", en pasado.
He tropezado más de una vez, pero me he vuelto a levantar y con estilo. Esta vez, me he dado cuenta que me he topezado una vez. Esta tarde me he levantado, me he limpiado las rodillas del golpe, ahora queda volver a acostumbrar las piernas.
Y he llegado a la conclusión de si aun estoy en el suelo, de haberme tropezado antes de levantarme, y que por eso voy coja en ciertos ámbitos. Una caída que ha servido como consecuencia de todas las que vienen ahora, una de las cuales es de la que me acabo de levantar.
Espero que no sea así. Y si lo es, no quiero volver a caminar para no tropezarme.
Seré capaz de mirar al suelo y esquivar para no caer, ya que pienso igual o almenos parecido que los que hacen que no me sienta sola.
lunes, 4 de octubre de 2010
jueves, 30 de septiembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Where Is My Mind?
Tantos numeros en la cabeza pero solo hay una equivalencia estable para decir que el conjunto de los dos es algo infinito. Simplemente nos complementamos porque sumando los cuadrados del seno y el coseno, el resultado es 1.
Solucion: "Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo."
Solucion: "Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo."
lunes, 6 de septiembre de 2010
Avaricia
Nunca le cayó una lágrima. Ni siquiera se simularon unos ojos envueltos en agua. Nada. Todo sucedía a su alrededor como si él no sintiera nada.
Él sabía perfectamente lo que era cada sentimiento, pero el verbo llorar no lo ponía a prueba.
No se sabe cuando, le dijeron que cada lágrima era una perla. Tal frase cautivó a un hombre semipiedra.
El asunto fue difícil de resolver, su familia no lo entendia: como tanta avaricia por algo que no habia hecho ni provado. En verdad, siempre había sido pobre, era un hombre feliz y raramente se le vea enfurecido.
Buscó y buscó maneras de entristecerse para que de ese modo sus lágrima le hicieran rico. No le bastó cortar cebolla ni reir inquietosamente. Pero poco a poco, se las arreglaba.
A medida que le caian lágrimas de los ojos llegaban al suelo perlas. Pequeñas perlas hicieron de él un avaricioso.
Tal vez había maneras más fáciles de llorar, mientras él yacía sentado encima de una montaña de perlas, cuchillo en la mano, llorando en vano en el salón y con el cuerpo de su amada esposa entre los brazos.
Él sabía perfectamente lo que era cada sentimiento, pero el verbo llorar no lo ponía a prueba.
No se sabe cuando, le dijeron que cada lágrima era una perla. Tal frase cautivó a un hombre semipiedra.
El asunto fue difícil de resolver, su familia no lo entendia: como tanta avaricia por algo que no habia hecho ni provado. En verdad, siempre había sido pobre, era un hombre feliz y raramente se le vea enfurecido.
Buscó y buscó maneras de entristecerse para que de ese modo sus lágrima le hicieran rico. No le bastó cortar cebolla ni reir inquietosamente. Pero poco a poco, se las arreglaba.
A medida que le caian lágrimas de los ojos llegaban al suelo perlas. Pequeñas perlas hicieron de él un avaricioso.
Tal vez había maneras más fáciles de llorar, mientras él yacía sentado encima de una montaña de perlas, cuchillo en la mano, llorando en vano en el salón y con el cuerpo de su amada esposa entre los brazos.
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